La Revolución en Tulancingo Hidalgo

Revolucionarios posando, al fondo se ve Catedral, la Ciudad de Londres que posteriormente sería el Cine Olimpia y actualmente Elektra. Ellos están frente allos helados Santa Clara. Fotografía de Ignacio Villegas Macedo.

Este 20 de noviembre concluyen las conmemoraciones por el Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución. Y el resultado esperado sería que se hubiera creado un espacio para la reflexión, en dónde los mexicanos pudiéramos analizar el papel de la historia en la sociedad.

En el caso especifico de Tulancingo, una de las necesidades es justamente la investigación histórica y obviamente su difusión. La gente si quiere saber de historia, sobre todo sí es de su pueblo, sí es de su familia, de su localidad. Y esos fueron los objetivos que se iniciaron en este año: a.- estudiar a la sociedad, no nada más al individuo y b.- estudiar los procesos desde lo local, no nada más lo nacional.

Y como resultado de algunas de las investigaciones realizadas en el Archivo Municipal de Tulancingo y en entrevistas con algunos de los cronistas y sobrevivientes de la Revolución podríamos decir en resumidas cuentas podríamos decir que la importancia de Tulancingo durante la Revolución fue de carácter analítico, en los libros de historia, uno de los antecedentes más importantes de la Revolución es, el Primer Congreso Agrícola de Tulancingo, organizado por el Obispo Don José Mora del Río, en dónde se hablaba ya de los peligros inminentes que suponía el hecho de acasillar a los peones. Esta costumbre de los hacendados porfiristas que en la práctica significaba poco menos que esclavitud.

Las batallas llegaron a nuestra ciudad hasta la segunda fase de la revolución, es decir, la comandada por el Ejército Constitucionalista, los carrancistas, los villistas, los obregonistas, etc.

El 26 de noviembre de 1914, Tulancingo fue tomado de forma pacífica por fuerzas carrancistas al mando del general Francisco Cosío Robelo, pero al entrar los trenes con la tropa a la ciudad, fueron atacados de forma sorpresiva por un grupo villista del General Tulancinguense Matías Méndez (amigo personal de Felipe Ángeles), y el mayor Sealtier Zarate. El ataque fue repelido por los carrancistas y lograron expulsar a los villistas. El general Cosío Robelo se sintió traicionado por las autoridades municipales a las que había pedido información antes de entrar a la ciudad y descargó su ira contra la población civil, que fue objeto de desmanes, vejaciones y saqueos por parte de la tropa. Ejemplo de lo anterior fue la Catedral, que se convirtió en caballeriza y todo su inmobiliario quemado en el atrio. Según la historia oral, los santos fueron despojados de su ropa y colgados en los árboles de la Floresta.

Escrito por Lorenia Lira

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