COLONIA FRANCISCO I. MADERO (Tulancingo siglo XIX)

En el siglo XIX a la Colonia Francisco I. Madero se le conocía como de los Ángeles, por el templo que comenzó a construirse en la ladera norte del Cerro del Tezontle. Anteriormente se le llamaba de los nahuales. En la fotografía se puede apreciar el Cerro del Tezontle aún sin habitar, con magueyeras atrás de la Iglesia. La fotografía está tomada desde la calle Manuel Fernando Soto con diversos Tulancinguenses asomandose en las calles, todos ellos de sombrero, como era costumbre en la época.

Cuando los españoles llegaron a esta región, crearon esta ciudad, la construyeron sobre lo que fueron barrios de la antigua Tulancingo. La primera capilla de nuestra ciudad fue “La Expiración”, construida sobre un templo prehispánico, a escasos metros de lo que después sería El Panteón San Miguel.

La ciudad que construyeron los españoles fue a la usanza europea, es decir, con un centro geográfico que constaba del templo católico viendo hacia el poniente, el centro político-civil a la derecha, viendo hacia el norte, y la plaza en medio de los dos poderes. Con cordel trazaron las calles a manera de cuadrados, con calles en medio. En el caso de Tulancingo, la Corona española, lo nombró Pueblo de blancos, es decir, no podían pernoctar dentro de la ciudad los indígenas. Esto se hizo con la finalidad de que no se diera el mestizaje. ¿Qué hacían entonces los indígenas que trabajaban en las casas, ranchos o haciendas de Tulancingo? Vivían afuera de la ciudad. En ese momento las orillas de la ciudad llegaban a lo que actualmente es 21 de marzo, Bravo, Luís Ponce y Morelos, así que los nativos hicieron sus casas en las faldas del Cerro del Tezontle (ahora Colonia Francisco I. Madero), que en ese entonces no formaban parte de la ciudad.

De allí que la gente comenzara a diferenciarse por el lugar donde vivían (situación que hasta la fecha se vive). Obviamente, la cultura prehispánica sobrevivió y la gente que vivía en el Cerro del Tezontle, seguía con sus prácticas religiosas. La medicina prehispánica era muchas veces mas eficaz que la española y eso contribuía a que las sabias mujeres receptoras de la tradicional herbolaria, recibieran el nombre de brujas y en el caso de los hombres nahuales. Quizá como rebeldía en contra del Status Quo o simplemente como reminiscencia, en la Colonia Francisco I. Madero los habitantes se jactaban de ser nahuales en tiempos que los pandilleros no existían. Y la gente que habitaba en el Centro no se atrevía a andar por esos lugares por miedo a encontrarse con un nahual, cosa que era muy fácil pues la creencia decía que los nahuales eran perros o burros y esos animales abundaban en las calles del Cerro del Tezontle. Las cruces pintadas de cal eran un aviso de que un nahual rondaba por esos lugares. Durante mucho tiempo a la gente de la actual Francisco I. Madero se les llamó despectivamente “los nahuales”.
Ya en la década de los 50s se inicia la lotificación de las laderas del cerro del tezontle que en esa época eran pequeña propiedad en su mayoría y era utilizada para la siembra de maguey pulquero y el pastoreo de ganado ovino y caprino.

El cerro de tezontle que en esa época había dejado de ser una mina productiva de este material volcánico y por lo tanto se lotificó en sus caras noroeste de forma inicial fundando la colonia FRANCISCO I MADERO.

Escrito por Lorenia Lira

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